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La virtud de ser puntual

carlesmarcos Artículos Hacer un comentario

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Existe una frase que dice La puntualidad es una virtud si no te importa sentirte solo. Aún recuerdo mis tiempos de psicólogo de selección, cuando hacía esa pregunta típica que se suele formular y que se refiere a cuales son las virtudes del candidato. En muchas ocasiones, los candidat@s solían recurrir a dos respuestas clásicas. Una era “soy responsable” y otra “soy puntual”. ¡Lo siento, pero me costaba entenderlo!. Entendía que responsabilidad y puntualidad son los mínimos que se puede pedir a una persona que va a empezar a trabajar. Qué interrogado por lo que le diferencia de los demás, la respuesta fuese esa me sorprendía. A posteriori, y después de varios años conociendo empresas, acabé de entender que la responsabilidad individual se ha elevado a categoría y sobre la puntualidad.

¡Ay, la puntualidad!. Es otra asignatura pendiente. Os dejo un extracto de dos artículos publicados en La Vanguardia y titulados La impuntualidad esconde razones fisiológicas y Los distintos tipos de personas impuntuales escritos por Mayte Rius.

“Todos conocemos algún tardón crónico, personas que, se quede para lo que se quede, nunca llegan a la hora prevista. Y normalmente lo suyo no es un retraso de cinco minutos, sino de al menos media hora. Los hay que incluso responden con un “no te preocupes que ya estoy saliendo de casa” cuando se les telefonea para saber por qué no han comparecido a la hora acordada. ¿Por qué? ¿Qué lleva a algunas personas a ser impuntuales por sistema?

De hecho, diversos experimentos han constatado que los tardones crónicos no perciben el tiempo de la misma manera que quienes acostumbran a ser puntuales. “En realidad, como el tiempo es algo que no existe, siempre se procesa de forma subjetiva, y hay muchas variables internas y externas que modulan esa percepción subjetiva, desde la edad, la personalidad, el estado de ánimo, los fármacos, la temperatura o los desórdenes psiquiátricos hasta la complejidad de la tarea que hacemos, la cantidad de información y estímulos que recibimos, la familiaridad o si recibimos estímulos auditivos o visuales”, explica Judit Castellà, investigadora de la UAB especializada en memoria, atención y percepción. Y detalla que cada persona tiene un tempo interno, una tasa metabólica propia, marcado por factores medioambientales pero también fisiológicos, que está relacionada con su ritmo de vida y se correlaciona con la puntualidad.

“Si tienes un tempo interno muy elevado, tienes tendencia a sobrestimar el tiempo, y si te dicen que aprietes un cronómetro cuando calcules que han transcurrido 60 segundos, lo pararás unos segundos antes de que haya pasado el minuto; en cambio, si tienes un tempo más lento, subestimas el tiempo y creerás que han pasado 60 segundos cuando en realidad hayan pasado varios más”,ejemplifica. Diane DeLonzor, que ha sacado partido a su impuntualidad crónica con el libro Never be late again (No vuelvas a llegar tarde) y organiza talleres sobre el tema, realizó un ejercicio similar para justificar que hay motivos fisiológicos y psicológicos que hacen muy difícil dejar de retrasarse. DeLonzor pidió a un grupo de personas que leyeran un pasaje de un libro y parasen cuando creyeran que llevaban un minuto haciéndolo. Y constató que para los puntuales los 60 segundos pasaban antes que para los impuntuales, y si los primeros dejaban de leer a los 58 segundos de media, los impuntuales lo hacían a los 77. “Quienes tienen un tempo más lento subestiman el tiempo y sobreestiman lo que pueden hacer en ese tiempo, y piensan que hacen algo en cinco minutos cuando en realidad tardan ocho o diez”, dice Castellà.

Pero no todos los impuntuales responden a este perfil. “No hay unos rasgos ni una personalidad característica que los defina a todos; hay tardones crónicos que simplemente lo son por aprendizaje, porque sus padres siempre llegaban tarde, han aprendido esa conducta, se les ha reforzado a lo largo del tiempo, se han acostumbrado a que los demás les esperen y si un día han llegado pronto no recibieron halagos por ello y vuelven a llegar tarde”, comenta el psicólogo Pau Obiol. Agrega que también hay impuntuales que lo son por problemas de falta de atención, porque son olvidadizos y les cuesta gestionar el tiempo y su agenda, y otros en los que la retarditis crónica va ligada a ciertos rasgos patológicos de personalidad. “Existen narcisistas que llegan sistemáticamente tarde porque creen que pueden permitírselo, que su tiempo vale más que el de los demás; otros que lo hacen para llamar la atención; o para no tener que iniciar conversaciones con los que van llegando; algunos perfeccionistas que pasan tanto tiempo acabando sus tareas que no pueden gestionar bien su tiempo…”, pormenoriza Obiol, el especialista de Isep Clinic.

Judit Castellà apunta que algunos estudios sugieren que entre las personas puntuales predomina la personalidad tipo A, que se vincula a gente más organizada, más impaciente, más ambiciosa, más preocupada por cumplir los plazos y más ansiosa. En cambio, la personalidad tipo B -personas más relajadas, más creativas, poco estresadas- es más frecuente entre quienes siempre van tarde.

La impuntualidad se acostumbra a relacionar también con cuestiones éticas y a menudo se califica como falta de respeto, lo que sitúa a los tardones crónicos en la esfera de los maleducados, irrespetuosos o poco empáticos. “En realidad a la mayoría de los impuntuales no les gusta serlo, querrían luchar contra ello, pero les cuesta porque es un hábito muy interiorizado”, rechaza Castellà. Y agrega que además del tempo interno, de la personalidad o de los modelos parentales recibidos, en la puntualidad inciden otras variables culturales y de estatus. “Uno puede tener más o menos predisposición a ser puntual, pero también te condicionará la presión social que tengas, si la cultura y el país en el que vives valora o no la puntualidad; y en las sociedades occidentales, donde el tiempo es un valor económico, el estatus socioeconómico de cada uno también influye en que se castigue o no su impuntualidad”, precisa. De hecho, hay personas que se esfuerzan por cumplir con sus citas laborales pero siempre llegan tarde cuando quedan con amigos porque el contexto de ocio es más permisivo.

Y tú, ¿qué tipo de impuntual eres?

El distraído. Hay personas olvidadizas, propensas a la distracción, con déficit o falta de atención, que no prestan suficiente atención al paso del tiempo, no tienen una percepción realista de él y les cuesta gestionarlo.

El optimista. Algunos subestiman el tiempo que les costará realizar una tarea o sobreestiman sus recursos para cumplirla en un determinado plazo y siempre planean demasiadas cosas para hacer en un tiempo concreto y acaban concatenando retrasos.

El maleducado. A veces la impuntualidad es una conducta aprendida en casa porque los padres siempre han sido tardones, han reforzado ese comportamiento y no le han dicho que es importante no llegar tarde.

El narcisista. Considera que puede llegar tarde porque está por encima de los demás, y utiliza el control del tiempo y el retraso como una forma de imponerse.

El histriónico. Le gusta llegar tarde, que todos le estén esperando, para llamar la atención, para ser el centro de la reunión. Los psicólogos relacionan este tipo con personas inmaduras y baja autoestima. El fóbico social. Hay personas que prefieren llegar tarde para asegurarse de que ya se habrá reunido un grupo, habrá comenzado la interacción social, y no serán ellos quienes tengan que iniciar las conversaciones a medida que llegue el resto.

El obsesivo-compulsivo. Algunas personas se obsesionan con comprobar tantas cosas antes de salir de casa ­el gas, la luz, el agua, las puertas…­ que siempre llegan tarde a sus citas.

El perfeccionista. Pasa horas y horas acabando sus tareas, le cuesta dar por finalizada una para pasar a la siguiente, y eso le ocasiona dificultades para gestionar bien el tiempo.

El depresivo. Le falta decisión y energía para realizar todas las tareas programadas, le da pereza salir de casa, no sabe qué ponerse, qué transporte elegir, y su indecisión y ambivalencia le hacen llegar tarde (o incluso no llegar) a muchas de sus citas.

El postergador. Hay tardones que necesitan adrenalina para hacer las cosas, que les gusta sentir la presión de tener que acabar todo en el último momento.

El relativista. Es el que aduce que “quince minutos no son para tanto” y expresa su disconformidad con “la rigidez” de los otros.”

Quiero compartir un vídeo de la psicóloga Patricia Ramírez en el que habla del tema aportando algunas soluciones…

 

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